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Un nuevo informe sobre el impacto del narcotráfico en los pueblos indígenas de Perú advierte que el país se enfrenta a una decisión crucial: hacer frente a la rápida expansión del crimen organizado en la Amazonía o arriesgarse a permitir que nuevos sistemas de poder criminal se arraiguen en vastas regiones del país.
La encrucijada amazónica: decisiones urgentes o la consolidación del poder criminal en Perú, producido por AIDESEP, ORAU, Instituto del Bien Común, ProPurús, Amazon WatchRicardo Soberón constata que el narcotráfico, la minería ilegal de oro, el tráfico de tierras y otras economías ilícitas ya no operan como actividades aisladas. En cambio, funcionan cada vez más como sistemas interconectados que transforman territorios, economías locales y la gobernanza en toda la Amazonía peruana.
El informe identifica una creciente presión por parte de redes criminales transnacionales vinculadas a cambios en las rutas de tráfico, instituciones debilitadas y dinámicas regionales cada vez más intensas. Los territorios indígenas se han convertido en algunos de los espacios más disputados: se han identificado 274 comunidades indígenas afectadas por economías ilícitas, mientras que más de 12 000 hectáreas de cultivo de coca se encuentran ahora dentro de territorios indígenas.
Los investigadores identifican varios puntos críticos, entre ellos el corredor Ucayali-Huánuco, Putumayo y la región de la triple frontera con Brasil y Colombia, Condorcanqui cerca de Ecuador y el corredor amazónico meridional que conecta Madre de Dios, Puno, Bolivia y Brasil.
Sin embargo, en medio de la creciente violencia y presión, las comunidades indígenas siguen desarrollando algunas de las respuestas más contundentes a la expansión criminal mediante la vigilancia territorial, la presencia de guardias indígenas y sistemas de gobernanza comunitaria. El informe sostiene que fortalecer la gobernanza territorial indígena será esencial para proteger la Amazonía y prevenir una mayor consolidación del crimen organizado.
Mientras Perú se prepara para una nueva administración en 2026, el informe presenta una seria advertencia: las decisiones que se tomen ahora podrían determinar si el país recupera el control sobre estos territorios o si enfrenta una crisis más profunda de gobernanza criminal en la Amazonía.





