Nueva York, NY – En el contexto del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, Amazon Watch, junto con organizaciones aliadas, presenta El primer informe que analiza cómo las economías ilícitas y las respuestas represivas de los gobiernos amenazan los derechos, los territorios y la supervivencia física y cultural de los pueblos indígenas.Desde la minería ilegal de oro hasta el narcotráfico, estas actividades operan como sistemas interconectados y altamente adaptables en toda la Amazonía, se integran en los mercados globales y transforman la dinámica de poder, control y seguridad en la región.
“La expansión de las economías ilícitas en la Amazonía no puede entenderse únicamente como un problema de criminalidad o seguridad pública, sino como una amenaza existencial para los pueblos indígenas”, dijo Sofía Jarrín, Asesora de Incidencia Política en Amazon Watch.
El análisis, que compara territorios indígenas en Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, muestra cómo estas dinámicas crean formas de gobernanza criminal que reemplazan o debilitan tanto los sistemas de gobernanza estatal como comunitaria e imponen mecanismos de control social y económico sobre las poblaciones locales.
“Las redes criminales restringen el acceso a los recursos naturales, presionan o cooptan a los líderes, sabotean los procesos de titulación de tierras y obligan a las comunidades a reorganizar su vida cotidiana bajo regímenes de miedo, vigilancia y dependencia”, afirma el informe.
La gobernanza criminal no solo genera riesgos para la seguridad pública, sino que también altera las condiciones materiales, culturales y espirituales necesarias para sustentar los sistemas de vida en la Amazonía, con implicaciones directas para la estabilidad climática global.
El informe se basa en testimonios que los líderes indígenas compartieron durante el Reunión Internacional de Defensores Celebrada a principios de este año en Pucallpa, Perú, más de 60 líderes de la Amazonía occidental denunciaron cómo las economías ilícitas y el crimen organizado violan sus derechos a un medio ambiente sano, la salud, la autodeterminación, la autonomía y el pleno ejercicio de la autogobernanza.
El informe reconoce la necesidad de la intervención estatal, pero concluye que los gobiernos siguen priorizando estrategias reactivas centradas en la militarización y la securitización de los territorios, en consonancia con una tendencia global que favorece la represión sobre los enfoques basados en los derechos humanos. Este enfoque sigue siendo limitado, ya que exacerba los riesgos existentes y no aborda las causas estructurales que impulsan la expansión de las economías ilícitas en la Amazonía.
“Es urgente incorporar enfoques interculturales en las políticas de seguridad y controlar las cadenas de suministro que conectan estas economías ilícitas con los mercados globales. Sin reconocer, financiar y fortalecer a las autoridades indígenas, cualquier estrategia fracasará”, dijo Raphael Hoetmer, director del programa de la Amazonía Occidental en Amazon Watch.
Ante la ausencia, las limitaciones y, en algunos casos, la permisividad del Estado, los pueblos indígenas han fortalecido sus propios sistemas de control y vigilancia territorial, incluyendo guardias comunitarios y redes de monitoreo ambiental. Los Wampis Guardia Nacional Proporciona un ejemplo claro, al documentar e informar al Estado peruano sobre los impactos de la contaminación por petróleo y minería en ríos y bosques.
“Los Estados tienen responsabilidades específicas hacia las comunidades que enfrentan vulnerabilidad estructural debido a la colonización, la explotación, la discriminación y el despojo. Estas responsabilidades incluyen prevenir daños, proteger a las comunidades afectadas, reparar los daños e investigar y sancionar a los principales responsables”, enfatizó Jarrín.
Llamamiento internacional a la acción
Amazon Watch Las organizaciones indígenas hacen un llamamiento a la comunidad internacional, en particular a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y a los Estados Partes en la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, para que reconozcan la amenaza que representan las economías criminales para los territorios y derechos indígenas, así como el papel fundamental que desempeñan los pueblos indígenas en la protección de la naturaleza y la paz social. Este reconocimiento debe traducirse en un mayor apoyo político y financiero, así como en mecanismos de participación vinculantes.
Asimismo, abogan por la elaboración de un protocolo internacional sobre delitos ambientales que reconozca su carácter transnacional, fortalezca la cooperación y aborde sus vínculos con las cadenas de suministro mundiales, garantizando al mismo tiempo la participación plena y efectiva de los pueblos indígenas.
Llave de datos
- Los grupos armados reclutan niños, trafican con mujeres y niñas, perpetran violencia sexual y generan condiciones que erosionan la continuidad cultural y la transmisión intergeneracional del conocimiento.
- La cuenca del Amazonas abarca aproximadamente 7.8 millones de kilómetros cuadrados y los pueblos indígenas gestionan gran parte de este territorio, representando a más de 2.2 millones de personas pertenecientes a 511 pueblos, incluidos al menos 66 en aislamiento voluntario o contacto inicial.
- En los países amazónicos, las redes criminales o los grupos armados operan en al menos el 67% de los municipios, y más de una organización criminal disputa el control en el 32% de estos territorios.
- Las regiones amazónicas registran tasas de homicidio superiores al promedio nacional, en algunos casos comparables a las de zonas de conflicto. Colombia se sitúa como el país más peligroso del mundo para los defensores del medio ambiente.
- Entre 1985 y 2023, diversos actores destruyeron más de 88 millones de hectáreas de selva amazónica, incluidas más de 2 millones de hectáreas vinculadas a la minería ilegal.
- Todos los casos analizados reportan impactos en la salud, incluyendo contaminación por mercurio por encima de los estándares de la Organización Mundial de la Salud, que afecta al agua, los peces y las comunidades indígenas.





