La humanidad no puede liberarse de la violencia a menos que sea por los medios de la no violencia.Gandhi
En 1996, el estado de Ecuador firmó un contrato con la Compañía General de Combustibles (CGC) de Argentina para el Bloque # 23, que se superpone alrededor del 60% del territorio amazónico del pueblo indígena Kichwa de Sarayaku. Esta concesión petrolera fue aprobada sin que el Estado ecuatoriano realizara ningún proceso de información, consulta o solicitud del consentimiento del pueblo Sarayaku con respecto a las actividades petroleras propuestas dentro de sus tierras.
Desde entonces, los Sarayaku han continuado expresando su rechazo a las actividades petroleras que ingresan a su territorio, dados los enormes impactos que tendría la exploración y explotación en su territorio sagrado, calidad y forma de vida, opciones de desarrollo y espiritualidad, además al medio ambiente amazónico, la paz social y la integridad de sus miembros.
Sin embargo, durante el último trimestre de 2002 y el primer trimestre de 2003, CGC ingresó repetidamente al territorio de Sarayaku, sin autorización y en contra de la voluntad del propietario legítimo, para iniciar una exploración sísmica altamente destructiva. Para intentar frenar la campaña sísmica los Sarayaku tuvieron que declararse en estado de emergencia por siete meses y movilizar a sus habitantes, hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños para proteger su territorio en los denominados Campos de Paz y Vida que se encuentran en en medio del bosque, donde avanzaba la invasión armada de CGC y el ejército. Esta decisión conlleva graves riesgos para la vida, integridad, salud, subsistencia, educación, cultura y espiritualidad de los miembros del Sarayaku.
Según información oficial del Ministerio de Energía, existen 476 puntos dentro del territorio Sarayaku y el territorio Achuar, en los cuales la empresa CGC, sin el conocimiento de las personas que serían afectadas, sin consultarlas previamente y en contra de su voluntad, invirtió en cargas de entre 3 y 5 kilogramos de pentolita, un explosivo muy destructivo y poderoso. En total son 1,433 kilogramos (casi 1.5 toneladas) de explosivos plantados a 12 metros de profundidad y una cantidad indeterminada abandonada en la superficie del bosque sagrado de los Sarayaku, en sus lugares de caza, en los sitios donde los niños y jóvenes cruzan en busca de alimento. . La información según el Ministerio de Energía es que estos explosivos son sumamente peligrosos y que las cargas pueden detonar accidentalmente con facilidad.
A principios de 2003, Sarayaku se presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitando su intervención urgente en la salvaguarda de sus derechos vulnerados durante la campaña sísmica de CGC. En mayo de este año, la Comisión dictó medidas cautelares a favor de la vida e integridad de los comuneros y de su especial relación con su territorio. El Estado ecuatoriano desestimó sistemáticamente estas medidas.
Ante el incumplimiento de las medidas cautelares, la Comisión Interamericana solicitó a la Corte Interamericana dictar medidas provisionales a favor del Sarayaku, las cuales fueron otorgadas en julio de 2004. Estas medidas buscan proteger la vida e integridad de los integrantes del Sarayaku, la investigación de los hechos de violencia cometidos en su contra y la garantía efectiva del derecho a viajar libremente violado por el bloqueo arbitrario del río Bobonaza, que fue construido por aliados de la petrolera como medida de presión para que Sarayaku desistiera de las acciones legales iniciadas y entrara en negociaciones.
Ante el nuevo incumplimiento por parte del Estado ecuatoriano, la Corte, en junio de 2005, ratificó las medidas y las amplió para incorporar un arreglo que pide el retiro urgente de los explosivos dejados por CGC en el territorio de Sarayaku. Recientemente, en el primer semestre de 2007, en los primeros meses del gobierno de Rafael Correa, el estado ecuatoriano, frente al Ministerio de Energía y Minas, aceptó la disposición de la Corte Interamericana. Y desde entonces, el Ministerio de Minas y Petróleo ha iniciado gestiones para la remoción de los explosivos, proyecto que comenzaría a cristalizar hacia fines del mismo año. En diciembre de 2009, con la conferencia del Grupo de Intervención y Rescate de la Policía Nacional, se retiraron apenas catorce kilogramos de explosivos y el proceso se suspendió hasta el día de hoy.
Todo este esfuerzo del gobierno para cumplir con los arreglos de la Corte, diseñados para proteger los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, se disolvió… El 8 de mayo de 2009, el Ministerio de Minas y Petróleo autorizó sorprendentemente la reanudación del petróleo. operativos en los Lotes 23 y 24, con la oposición de los pueblos de las nacionalidades Sarayaku y Shuar y Achuar desde fines de los noventa. Esta autorización también va abiertamente en contra de otras decisiones de agencias internacionales de derechos humanos que protegen a los pueblos indígenas. Si bien la empresa CGC no ha actuado ante este reinicio de actividades, esta situación muestra el precario estado del caso Sarayaku en tanto la Comisión Interamericana no ha emitido señales claras sobre la responsabilidad internacional del Estado ecuatoriano para brindar medidas de protección y reparación.
Peor aún, en la renegociación del contrato del Lote 10 entre el gobierno de Rafael Correa y la empresa AGIP, realizada en noviembre de 2010, las autoridades asignaron a la empresa una porción del Lote 23 que afecta el territorio de varios pueblos indígenas amazónicos. El territorio de Sarayaku también seguirá siendo afectado por el Bloque 10. Esta redefinición del bloque se hizo, una vez más, a espaldas de las nacionalidades y pueblos afectados, sin consulta ni solicitud de consentimiento, a pesar de la gravedad de los efectos que traerá esta decisión en sus vidas y territorios.
El 26 de enero de 2010 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió su resolución sobre el caso. El caso ha sido presentado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Los días 6 y 7 de julio de 2011, en San José, Costa Rica, se llevará a cabo la audiencia del caso Sarayaku ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta delegación es crucial porque en ella el pueblo Kichwa del Sarayaku, de la Amazonía ecuatoriana, presentará sus alegatos orales ante los jueces de la Corte junto con prueba testimonial y pericial con la que la delegación demostrará las violaciones a los derechos humanos que la comunidad sufridos durante la actividad petrolera del Lote 23. Una delegación de líderes, ancianos tradicionales, hombres y mujeres de la comunidad ha viajado desde Sarayaku hasta Costa Rica para participar en la audiencia.
La Corte Interamericana emitirá una decisión que es esperada con anticipación por los pueblos indígenas y expertos de todo el mundo y especialmente de las Américas; sentará nuevos precedentes en cuanto al derecho a la consulta previa y consentimiento de las comunidades afectadas por proyectos petroleros. Para Ecuador esta decisión, que el Estado debe cumplir obligatoriamente, traerá grandes repercusiones y zanjará un debate que ha sido sumamente intenso en los últimos años, sobre el abanico de derechos a la consulta y de derechos territoriales de los pueblos indígenas que se ven afectados por efectos naturales. proyectos de explotación de recursos apoyados por el estado.
Mario Melo es el abogado de Sarayaku




